¿ Y cómo se llega hasta aquí?

Hace tiempo pensé en la idea de un blog, de una tienda, de transmitir mi experiencia porteando a otros papas y poder ayudarlos, pero en mi ciudad no había cabida en esa época para este tema y fueron sólo unos pocos papas los que me pidieron consejo y asesoramiento  hasta hoy. Últimamente, voy encontrando cierto interés en la calle y, por ello, me he animado a aportar mi granito de arena y, así, ayudar a aquellos que deseen disfrutar de este camino.

Mi historia con el porteo y la crianza respetuosa vinieron de la mano de Marcos hace ya casi seis años. Al poco tiempo de que naciera me interesé por unas mochilas que vi en una famosa tienda de puericultura, compré primero una “colgona” muy extravagante,  podías llevar al bebé tumbado y cambiarlo a la posición horizontal unos meses más tarde… era complicadísimo, pero ya te hablaba de la espalda del bebé… En unas semanas  volví para comprar mi primera bandolera, aunque en este caso no era de anillas, sino la comercial, que es bastante menos práctica… La verdad es que, a pesar de los inconvenientes, la disfrutamos un montón y abrió la puerta para todo un desfile de portabebés ergonómicos.

Por aquel entonces, en las tiendas era imposible encontrar productos o asesoramiento sobre porteo natural, por eso mi gran aliado fue internet, pasé horas buscando, leyendo, comparando información y, al final, di con una página que ha sido una fuente de información y de aliento para mi desde entonces:  www.crianzanatural.com  

Mientras tanto, en casa habíamos ido avanzando  hacia este camino sin saberlo de la mano de Marcos. Cuando nació tenía claro que quería darle pecho, pero no me había planteado durante cuánto tiempo, supongo que me dejaría llevar por la inercia, la inercia de los pediatras, de la familia, de los vecinos… Pusimos junto a nuestra cama la mini cuna, tampoco nos planteamos cuanto tiempo pasaría hasta llevarlo a su habitación, que ya habíamos pintado y decorado… Pero ocurrió que Marcos se despertaba por la noche y quería pecho y, como yo no puedo saber cuándo otra persona tiene hambre ( y menos si no habla) decidí darle y me di cuenta de que si lo metía en mi cama para no pasar frío nos quedábamos dormidos y descansábamos todos y de que si lo ponía en el portabebé podía limpiar la casa…

Cuando comenzamos con la comida fue igual, Marcos rechazaba los purés y la hora de la comida era un suplicio, pero tenía curiosidad por lo que había en la mesa, así que después de dos días de pelearnos con él y sufrir, decidimos que queríamos que nuestro hijo disfrutara de la comida toda su vida en lugar de cogerle asco y que comiera cuando y cuanto quisiera.

Antes de nacer Álex, tres años y medio más tarde, la gente ya nos llenaba la cabeza con historias acerca de sacarlo de nuestra habitación, de los celos, del cole Y UN GRAN ETCÉTERA. Todo se solucionó NO HACIENDO NADA, siguió en nuestra habitación, tomando teta, comiendo nuestra comida, … Y entonces fue cuando llegó el colmo de los colmos para nuestro entorno, MARCOS NO QUERÍA SEGUIR YENDO AL COLE!!! Aunque tenía las mismas ganas de explorar, investigar, cuestionar, descubrir, escuchar, atender, probar, … como había tenido siempre y a lo que sus padres siempre habíamos dedicado tiempo con el interés y la implicación que él nos devolvía.

Cuando nació Martina, ya casi nadie nos dijo nada, ya nos han dejado por perdidos y eso nos ayuda un montón a poder seguir el camino en el que creemos, el del respeto hacia la vida y las necesidades de los demás, aunque se trate de nuestros hijos.
Por cierto, los tres siguen tomando teta, siendo porteados, durmiendo en nuestra habitación y creciendo  y descubriendo desde casa, … 

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